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17 julio 2017 1 17 /07 /julio /2017 22:37

EL VUELO DE LA DRAGONA DE LA SUERTE

 

Había una vez, más dos veces, más tres veces más, más cinco veces más, menos diez… una

dragona de la suerte, esta dragona contaba no solo con uno 1, o con  2, o 3 años, sino con un año más de 4, es decir, tenía 5 años de haber vivido en esta tierra.

 

¿Que como son las dragonas de la suerte?, ¡Hasta acá te escucho preguntarme!, pues verás: las dragonas de la suerte son seres libres y fabulosos que nacen de diferentes formas, colores y olores, no es fácil encontrarlas, verlas o inclusive detectarlas, puedes tener una en frente y no saber que es una Dragona de la suerte.

 

Nuestra dragona nació cerca Del Mar, una noche de luna llena, por eso su nombre es Mar por el momento le llaman Mar Chiquita o Chiquita Mar y de entre todos sus hermanos y hermanas, (aunque todos se parecen por que nacieron de la misma madre y padre), ella es inconfundible, por que además de llevar el nombre de Mar, también heredó su alma apasionada, su color azul intenso y un gusto poco común en los dragones por el agua.

 

También tiene pelillos blancos, espumosos y sedosos, que salen de su cabeza, que siempre trae parados y desordenados, no por que su hermana mayor no le acomode el cabello todos los días por la mañana, pero debemos comprender que cualquier cabello por más sedoso y peinado que esté siempre terminará revueltos después de investigar, conocer, preguntar, subir y bajar, conociendo el mundo.

 

Mar Chiquita no es toda agua marina, también es tierra, por eso sus patas son rosas y están coronadas con garras como la de los gatos, tiene una cola larga con una hilera de cuernos que inician en la coronilla de la cabeza, siguen por su espalda y termina con un cuernillo duro como lanza, y claro, ella posee un para de alas, todas las Dragonas sean de la suerte o no, nacen con un par de alas, que con el tiempo se hacen los suficientemente fuertes como para volar.

 

Por su corta edad Mar, tiene un par de alas con la estructura semejante a las de una libélula, imagínatelas, delgadas, transparentes y que todavía no la sostienen como para volar, por eso las dragonas de esa edad también son llamadas dragonas mariposas, pero, esto no ha detenido a Mar para intentar despegar los pies del suelo y hacer como las grandes.

 

Mar ha intentado volar moviendo rápido y fuerte sus alas, pero lo más que ha logrado es un dolor terrible en la coyuntura de la alitas. Su papa con paciencia tuvo que vendarlas y ponerles árnica para que su Chiquita Mar pudiera dormir.

 

Su padre le dijo mientras maniobraba con las alitas:

-Mar tienes que ser paciente y no forzarte, evita lastimarte, CUIDATE, tienes que ser una Dragoncita juiciosa, ¡mira que morada tienes la espalda!!.

 

Entonces intentó subir a una silla y brincar desde ella para que la altura hiciera el trabajo y lograr volar, no sin antes haber ideado subir a un árbol, y hacerlo como los pájaros, pero antes de salir de casa, papá dragón le advirtió:

  • Mar, cuidado y subes al árbol y te avientas de él para ¡volar!, si lo haces además del chichón en la cabeza por tirarte de un árbol, te castigaré sin salir a las carreras de dragonas esta tarde, por no cuidarte.
  • Pero ¡papá!, dijo Mar (bajando los ojos al suelo y dejando caer los hombros), pero entonces ¿cómo voy ha volar???
  • No, hoy la lección que debes aprender no es la de volar, es como cuidarse.
  • Pero papá
  • No, si quieres mejor practica los bramidos de vuelo

 

Mar que había estado practicando los rugidos de vuelo por varias semanas no se sintió muy animada mas bien salió mascullando entre dientes, y pateando levemente con las patas rosas el suelo diciendo casi solo para si misma: ¿como es que se entero de mis planes?, aquí no la dejan a una volar y ser grande,  ¿y ahora que voy a hacer? Lo del árbol era una buena idea!!

Esa mañana se dio cuenta que lo de la silla tampoco era una buena idea, así que se puso a dar vueltas en círculos, dando saltitos de ves en cuando para ver si el aire hacia el resto y por fin lograba su primer vuelo.

Así la encontró su abuelo

- ¿Que haces Chiquita Mar?, le preguntó su abuelo intrigado y con una sonrisa como de quien disfruta mucho algo

- Estoy aprendiendo a volar abuelo

- Jajajjajajse escucho la risa sonora del abuelo en todo el patio, calmándose le explicó, pero Mar Chiquita, eres muy pequeñita, y además no comes piedra de fuego, que es parte importante del vuelo de los dragones, será mejor que pares y en lugar de dar vueltas en el mismo lugar, te prepares para acompañarme a ver a los borregos.

- Mmm ¿no podré volar?, le preguntó Mar un poco afligida.

- No todavía, Chiquita Mar, eres muy pequeñita, ten paciencia.

El abuelo Dragón se alejó confiado de que Mar Chiquita se le uniría en unos instantes para ir a cuidar a los borregos que siempre necesitan atención y cuidados, cualquier otro día la pequeña lo hubiera seguido al instante con gusto, pero ese día no, Mar tenía en mente un proyecto mayor y más ambicioso, volar.

 

Las palabras Piedra de Fuego se quedaron retumbando en su cabeza, ya había visto como los mayores comían esta piedra de fuego y entonces, ¡podían hacer fuego!, pero no sabía que también era necesaria para volar, se quedó pensando un momento, las ideas iban y venían veloces, de repente, los ojos de Mar brillaron intensamente, una idea se había formado en su

inteligente cabeza…

 

Y… ¿si como piedra de fuego?, ¡Entonces podré volar y además sacar fuego!, hizo un plan antes de llevar a cabo la tarea arriesgada de conseguir las piedras de fuego, una vez decidido el plan, lo llevó a cabo.

 

Como una experta espía secreta, hizo un esfuerzo por escurrirse en la cocina, abrió las gavetas del estante, hizo con ellas una especie de escalera, esto para llegar hasta las piedras de fuego que se encontraban en la parte más alta del mueble de la cocina, allí las colocaba (casi las escondía la esposa de su papá) ¿por que sería?, ¡seguro para que ella no aprendiera a volar rápido!.

 

Aún encaramada en el estante, le dio un buen mordisco a una de las piedras más grandes, el contacto de la piedra con su legua fue una sorpresa muy agradable, ¡sabia rico!, envalentonada por el buen sabor, le dio otra mordida y luego otra y otra, se comió 3 en total, pero nada mágico surgió en ella, esto no la desalentó tubo otra idea, volvería al patio a dar vueltas y saltos y comprobaría el resultado.

 

Entusiasmada bajó su improvisada escalera, salio al aire fresco e intentó de nuevo, pero no se sintió diferente, no hubo en ella mas fuerza de la común, no se hizo más liviana, sus alas no crecieron o cambiaron, también intentó hacer fuego pero nada salió de su garganta, la desilusión creció en sus ojos, su pancita estaba regordeta por tanta piedra de fuego que comió, pero nada había funcionado.

Al no ver cambios, Mar se aburrió y como la vida de las Dragonas no es solo volar y hacer fuego, con nuevos bríos se fue al prado donde están las flores más bonitas, al llegar escogió la más encantadora para olerla y hablarle de cosas que a las flores les gusta escuchar, ¡estaba tan contenta!, pero algo empezó a cambiar, desde su estómago se empezó a formar una calorcito rico que Mar no notó, entre más contenta el calor se hacía más intenso y le subía un poquito más, hasta que con tanta emoción, se le formó un hipido de fuego en la garganta que sin control salió de su nariz y boca ¡quemando a la flor!, ¡la pobre quedó toda negra y calcinada!

 

Mar se puso a llorar y corrió hasta la casa, ¡le salían hipidos de fuego a cada rato!!, fue quemando el pasto por donde pasaba, al llegar papá Dragón la encontró hipando fuego y llorando inconsolable.

 

Chiquilla!!!, ¿pero cuantas piedras de fuego te comiste?, ¿de donde las sacaste?, Mar tubo que tomar leche, combinada con agua, azúcar y hierba de nieve para calmar la constipación.

 

Con paciencia su padre le dijo:

Mar chiquita, ¿te acuerdas de lo que hablamos en la mañana, con respecto a cuidarte?, tienes que aprender a ser cuidadosa, si no te damos piedra de fuego todavía es por que tu estómago no las digiere muy bien y no sabes como funcionan, me imagino que descubriste que si sientes una emoción fuerte se forma fuego en ti y, si no sabes que hacer con el, puedes terminar quemando todo el Bosque.

 

Chiquita Mar, cuidarse quiere decir pensar que puede pasar si haces algo, cuidarse es preguntarse por que no se te permiten ciertas cosas, cuidarse es ver más allá de lo que quieres y comenzar a ver lo que está bien para ti, cuidarse es adelantarse a las cosas que pueden pasar y hacer no poner tu salud en riesgo, ni la de los demás, ¿me entiendes?.

 

  • Si papá. Respondió Mar con una tristeza profunda.

 

Estuvo afligida, toda la tarde, ¡la flor murió en sus manos por haber comido tanta piedra de fuego!, que horrible había sido la experiencia, Así la encontró su Abuelo, desconsolada, sentada en una piedra viéndose los pies.

  • Mar que tienes? ,
  • He quemado a la flor mas bonita del prado por que comí muchas piedras de fuego!!, dijo la Dragoncita mientras dos enormes lágrimas caían de su s ojos.
  • Jjajajajaj El abuelo volvió a reírse estruendosamente, pero Mar, te dije que eso era para adultos!, bueno como no te explique y parece que yo soy en parte responsable, te voy ah dar tu primera clase de vuelo, para que no andes intentando cosas arriesgadas y dejemos a las flores crecer en paz, ¿quieres?.
  • Mar se secó las lágrimas y volteó a ver a su abuelo con tristeza, pero la flor abuelo!!
  • Nena, no es tu culpa no saber controlar el fuego todavía, pero te voy ha decir un secreto, cuando tienes algo tan hermosos como una flor en frente y le hablas de esas cosas que se les dicen a las flores, y te sientas tan emocionada,  voltea hacia el cielo, lanza una rugido de felicidad así  graauuuuuuuu  el fuego saldrá si tiene que salir pero no quemará nada de lo que amas. M entiendes?
  • Rápidamente Mar se puso en la posición de un lobo que aúlla y dijo graauuuuu y el fuego que todavía tenía dentro de sí, salió hacia el cielo como si ella fuese una experta, y su llama descansó.
  • Muy bien dijo su abuelo fue magnífico!, jamás volverás ha quemar una flor.
  • Mar se puso orgullosa de si misma y entusiasta nuevamente.
  • ¿Y bien (dijo su abuelo) que hay de esas clases de vuelo?, ¿te enseño cosas importantes de viajar por los aires para cuando puedas volar?, ¿quieres? O ¿te quedas en tierra?.

 

Mar subí de inmediato al lomo de su abuelo el cual, de inmediato inició el vuelo.

 

Mar al sentir como el aire cambiaba y podía ver el suelo empezó a tener mejor animo, a cada tramo ella se ponía más entusiasmada y se movía ansiosamente.

 

  • Así su abuelo empezó a darle instrucciones, Ahora Mar, abre las alas y muévelas un poco, siente el aire bajo al alas,
  • Si los siento los siento, abuelo!!,
  • Ahora ciérralas como yo, aletea,

Su abuelo le fue diciendo que hacer y como, y ella se sintió volar aunque no se separó mas que unos milímetros del lomo del Gran Dragón.

 

  • Ahora vamos a internarnos a una nube, vas a tener que hacer tu bramido de “vuelo en la nube” para no chocar con otro dragón o dragona, haber enséñame como bramas.
  • GrrrrrRRRaaaauuuu! Bramó Mar con un tono agudo
  • Jajajjaja se volvió a reír abiertamente El enorme Dragón Dorado. Mar! ese no es el bramido de vuelo en la nube!!!, Tendrás que practicar más!
  • La chiquilla entusiasmada le prometió que así lo haría y él le prometió que cada fin de semana le daría una lección de vuelo, pero con una condición, no intentaría practicar sola y se cuidaría más.

Ahora han pasado algunos años, no uno no dos, más, Hoy Mar brama en la punta de una montaña donde abundan las piedras de fuego, es el bramido de las Dragonas que hincan el vuelo, GrrraaauUUUU, extiende sus fuertes y ágiles alas, ahora sabe que el volar le llega a todas las Dragonas cuando es el momento y extender las alas es lo mejor que le puede pasar a una ser alado.

 

 

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17 julio 2017 1 17 /07 /julio /2017 22:35

Mary

 

La niña de la Yegua Blanca

 

 

El susurro de los árboles le ha contado al viento, y el viento que es tan juguetón se ha colado por la ventana, para contarnos estas cosas que estamos por saber, es la historia de una niña; Mary, y de cómo conoció a su entrañable amiga Camila.

 

Si nos asomamos, cual discreto rayito de luna, a través de la ventanita del rellano de la escalera, veremos a Mary observar sus pantalones de mezclilla metidos en las botas negras, (ésas, las que lleva todos los fines de semana al rancho de su abuelo), mientras baja las escaleras y se coloca el suéter, sabe que debe llevar bien atadas las botas y bien puestos el suéter y el pantalón, porque si no, su abuelo la puede regresar a casa, y entonces Mary se  perdería de todo lo bueno, interesante y divertido de los fines de semana en el rancho.

 

¡Escucha!, a lo lejos se puede oír el: ¡tolón!, ¡tolón!, ¡tolón! de las campanas de la iglesia del pueblo, la inquieta niña de ojos color de almendra ya lleva en pié muchas horas, por lo menos 3 antes de que el campanero llame a misa.

 

En caso de que te preguntes: ¿por qué se levanta tan temprano?, La crujiente madera del piso de la casa vieja, te contará que desde los tres años, que dicen las tablas fue la época en la que Mary conoció a su abuelo, a ella no la despiertan los gallos con su ¡ki kiri ki!, ni el despertador con si estruendoso ¡RRRIIINNG!, o su padre con su clásico: ¡Arriba que empieza un nuevo día!, invariablemente la despierta el: ¡Crack, toc!, ¡Crack, toc!, que hacen las botas de su a abuelo. El se despierta muy temprano, casi de noche, y siempre le dice a la pequeña que es para: ¡ganarle al sol!

 

Mary es curiosa, y a diferencia de sus hermanos, Alejandro, Ricardo y Ana, que prefieren las cosas de la ciudad donde viven: las bicicletas, los patines, los amigos de la cuadra, las canicas, etc., a ella le encanta el campo, levantarse antes de que la luna se esconda en el horizonte, y perseguir borregos cuando el rocío aun está en el pasto, por eso su abuelo la espera todos los días de asueto, para que aprenda los secretos que la capital no puede regalarle.

 

Desde que Mary tenía 5 años, su abuelo la subía con él en Lady Elizabeth, una yegua, muy amigable, que le permitía a su abuelo montarla, desde esta especial montura, la pequeña lo acompañaba a ver los sembradíos de maíz, la ordeña de las vacas y la recolección de los huevos que las gallinas dejan cacareando.

 

El cabello café a los hombros y una gorra en la cabeza eran la protección de Mary ante el frío de la madrugada, aunque los cachetes y la nariz siempre le terminaban rojos de frío, nunca dejó de despertarse y salir corriendo detrás de las grandes botas tempraneras.

 

Una mañana fría de enero, Lady Elizabeth dio a luz una hermosa yegua blanca, a la cual bautizaron como Camila. El abuelo de Mary se la presentó a ésta, cuando era apenas una potrilla con las patas flacas y nudosas, que no se separaba más de metro y medio de Lady Elizabeth; al presentarlas su abuelo dijo:

 

~        Mary, ella es Camila y puede ser tu amiga si tu quieres, tan amiga como…

 

~        ¡¿En serio abuelo?!, ¿Mi amiga?, (interrumpió impaciente la pequeña)

 

~        Si, tal y como Lady Elizabeth es amiga mía…

 

~        ¿Iré a pasear con ella, y también podré hablarle al oído como tú?

 

Volvió a interrumpir Mary mientras daba saltitos alrededor de su Abuelo, ante la mirada dudosa y vigilante de Lady Elizabeth.

 

~        Sí, (contestó el, con un tono complicado y tierno), pero, por el momento, las dos son muy potrillas como para montar y pasear.

 

~        ¿Qué es POTILLA?

 

~        Una P O T R R R I L L A, es una niña chiquita de seis años muy preguntona, dijo el abuelo y se echó a reír estruendosamente.

 

A veces Mary lo veía reír así, pero nunca se explicaba porque, ella lo dejaba y no preguntaba más, ya que podía correr con la mala suerte de ponerlo de malas por preguntar tanto.

 

Ese día empezaron las enseñanzas, su abuelo la instruyó sobre la alimentación de Camila.

 

Como tocarla fue otra cosa, su abuelo le explicó, en una larga caminata por los senderos del cerro, que los caballos son seres nobles y también orgullosos, que es importante tenerles respeto y cariño para poder acercarte. Le contó que los caballos y las yeguas pueden ser peligrosos si los haces enojar o se sienten inseguros, también le advirtió que no debe asustarles y jamás ponerse detrás de ellos porque las patadas pueden ser muy peligrosas.

 

Al día siguiente practicaron con Lady Elizabeth, que es una yegua elegante, calmada y reservada, a quien Mary conocía desde pequeña, fue fácil acercarse y pedirle permiso a la hermosa yegua gris para poder tocarle la cara; pero ni su abuelo, ni Lady Elizabet permitieron, todavía, que se acercara a la potrilla.

 

Tuvieron que pasar varios fines de semana, en los que, su abuelo la instruyó sobre como convivir con los caballos. Cuando la novata amiga de los corceles, logró acercarse de forma segura y controlada, su abuelo y Lady Elizabeth, la dejaron aprender a como cepillar a un caballo, y cundo dominó la técnica, le enseñaron como se hace para que la inexperta potrilla blanca “Camila”, aceptara llevar a alguien en su lomo y, como mantenerse en él, auque Camila corra o sea juguetona.

 

Hablar con las yeguas y los caballos, era una de las lecciones más importantes para poder ser jinete y su abuelo tuvo especial cuidado en este punto.

 

 

 

Bajo un árbol llorón, su abuelo parecía un mago pronunciando palabras mágicas, era una tarde soleada, viendo al horizonte, le dijo que es importante ser clara, fuerte y muy cariñosa al hablar con una yegua.

 

 ~        Y... ¿cómo se hace eso? Preguntó con los hermosos ojos llenos de ansiedad por saber.

 

~        Se dice en las leyendas que los unicornios solo se dejan tocar por alguien puro y ellos saben muy bien quien se interesa por ellos genuinamente y quien no, eso es ser puro.

 

Antes de que su abuelo pudiera decir algo más, la pequeña comenzó a saltar y gritar como si fuera descendiente de una cabra salvaje.

 

  • ¡Los unicornios existen!, ¡existen!, quiero ser amiga de uno, por favor abuelo ¡enséñame!, ¡aprenderé rápido!, ¡los unicornios existen!

 

  • Pero chiquilla!, según tengo experiencia, si un tema te interesa, no pararas de hacer preguntas así que de la existencia de los unicornios hablaremos otro día

 

  • Pero tú dijiste…

 

Al amoroso y experto hombre de campo se le coló una risa en los ojos, como de quien sabe que ha sembrado una ilusión, y contestó: No, hoy no, otro día.

 

Pero claro, no importaba lo que su abuelo dijera, después de mencionar unicornios seguido de la palabra caballos, Mary ya tenía planeada la búsqueda del unicornio perdido amigo de su abuelo, junto con los niños de la comarca, que siendo francos siempre la seguían en todas su iniciativas, aventuras y experimentos.

 

Algunos meses pasaron y cada vez Mary se fue acercando más a Camila que al principio salía corriendo a esconderse detrás de su mamá, luego correteaba con Mary alrededor de Lady Elizabeth como jugando a las atrapadas, hasta que la mareada madre le ponía un alto con al nariz y la instaba a jugar con Mary en el pasto más allá de ella.

 

Mary comenzó a hablar con Camila con las palabras que le nacían del corazón y la yegua blanca la escuchaba muy atenta, ganándose con facilidad su confianza.

 

Poco a poco Mary se fue haciendo cargo de cepillar a Camila y fue testigo de las lecciones que la pequeña yegua tuvo que aprender de su madre: como correr, trotar, y brincar; que pasto es el bueno y cual no.

 

Le toco asistir al veterinario para las vacunas y revisiones que hizo el médico a la yegua, por eso ésta crecía sana y fuerte.

 

Ambas aprendieron juntas a ser compañeras y lo difícil que es aprender algo nuevo, y para ambas ¡todo era nuevo!

 

Las dos tenían pasiones similares, correr, el viento, el pasto y explotar el mundo, siendo cada vez más sabias y seguras sobre como caminar, pisar y correr en esta tierra.

 

Mary, que en ese entonces tenía 6 años aprendió ávidamente, y Camila, creció convirtiéndose en una joven yegua rápida y ágil, para cuando Mary tenía 8 años era capaz de convivir perfectamente con la yegua. Fueron siempre leales una con la otra y así fue como creció su amistad y se hicieron inseparables.

 

Ahora, por lo menos uno de los días del verano, están juntas desde el amanecer hasta el fin de la jornada, dejando las cosas del rancho a un lado. Salen muy temprano, sin hacer ruido, para no despertar a los hermanos, ni al padre de Mary, que duerme plácidamente. Mary sale junto con su abuelo a quien solo con una mirada comunica que ese día es solo para Camila y ella.

 

Todavía es de madrugada cuando ya están fuera, por eso saludan a la luna que aún alcanza a sonreírles, a veces con una cara redonda que lo ilumina todo y en otras con una rendijita de luz tímida, como un gesto de ojos de complicidad.

 

Ambas corren por el terreno de pasto inmenso durante horas, recorriendo prados con flores y árboles, visitan a la Ceiba donde vive Risha la gata negra, llenándose de experiencias y recuerdos; al anochecer, llegan al claro del arroyo, donde el agua se encuentra con piedras en desnivel, se estanca y suena suave, dejando ver el reflejo de la luna, en ese lugar las luciérnagas viven en gran cantidad, y hay un lecho de pasto para ambas.

 

A Mary le gusta llenar la crin de Camila de luciérnagas, escuchar el agua suavecita y acurrucarse en el pasto mientras observa las estrellas o a la luna, prometiéndole a Camila que solo será un momento, pero casi siempre Mary se queda dormida viendo el cielo rodeada de árboles y acompañada de su inseparable miga llena de luces en la cabeza.

 

Cuando pasa el ocaso y el último de los rayos del sol se esconde, y Mary no regresa a casa, su padre se preocupa, pero el abuelo le tranquiliza diciéndole que ellas están bien, porque van acompañadas una de la otra y que aunque son jóvenes son cuidadosas y responsables.

 

Entonces el abuelo se coloca un zarape, agarra una manta y le dice a su hijo que si quiere puede acompañarlo para encontrarla, el padre siempre sale tras el. El abuelo es la persona que más conoce a Mary en este mundo, y al padre de Mary siempre le sorprende como hace su padre para encontrar a su pequeña, el abuelo observa el cielo unos instantes, respira profundo el aire y así, de inmediato, sabe a donde ir por ella, el abuelo monta a Lady Elizabeth y susurra una palabras al oído de su vieja amiga y el padre de Mary monta a Ranfiel.

 

Después de llegar a una pequeña pendiente, descubren a Mary profundamente dormida en el pasto, Camilla llena de luciérnagas, parada cerda de la cabeza de la niña.

 

El abuelo baja de Lady Elizabeth, toma a Mary de su improvisado lecho y la acomoda en sus brazos, mientras le dice unos versos:

 

 

 

Ahora en mis brazos niña amada,

 

tal vez mañana solo en tu corazón yo esté,

 

Recuerda,

 

siempre que te acuerdes de mi,

 

Yo vendré a ti,

 

Para acunarte y abrazarte

 

Porque te quiero y siempre te querré.

 

Así entregaba a la niña a su padre que lo espera en su montura, la recibe con ternura, para regresar a casa, donde a Mary le espera su cuarto, iluminado por la noche, con la silla, la cama, su colcha blanca con un arco iris bordado por ella misma, las paredes llenas de dibujos, todas y cada una de esas cosas esperándola porque ella les da vida.

 

Su padre la coloca suavemente en la cama y la arropa, para que tenga un buen sueño, le da un beso en la frente que es más para el que para ella, mientras le desea una buena noche con estas palabras: Mary, soñando que sueñas que estas en un sueño, a veces ocurre que es realidad, ésta es, si tu te lo propones el mejor sueño que hayas tenido, siendo plena y libre, siendo tu. Los sueños salen del pecho y se podan en tus manos, pies y boca, llenan tus ideas y transforman tu rededor, Hija mariposa, ya te salen alas, pulpa palpitante, tu realidad es arcilla, que está en manos de una experta artista alfarera, ábrete y transforma… vuela…

 

 Mientras esto pasa, Camila en su propia cama cuenta a su madre sus aventuras, le cuenta acerca de las luciérnagas y el capo, de las flores y la luna… hasta quedarse dormida.

 

Ambas Mary y Camila, subidas en el mundo de los sueños corren o vuelan praderas, valles y nubes esponjosas, recorriendo cielos inmensos y azules.

 

Y así como te lo cuento lo dijo el viento, las tablas de la vieja casa, incluso las propias luciérnagas, y si te acercas y escuchas bien, tienen algo más que decirnos, dicen que el tiempo pasa igual que el sueño de una niña, así de rápido pasan los años y las incontables lunas, así los recuerdos y las cosas que vivimos se convierten en sueños de la noche pasada.

 

Un día la voz del abuelo, era solo un recuerdo, y el sonido de las botas: ¡crach toc!, solo son un eco en la cabeza de Mary, el abuelo murió y ella jamás pudo volver a escuchar nuevas historias de su boca, ni sentir sus brazos acurrucándola, el abuelo murió, y con el, se fueron miles de momentos no vividos.

 

Pero los mimos recibidos, las palabras dichas, lo que él le enseñó, eso queda como una huella que no se borra, siempre queda el sabor dulce de los buenos momentos al recordar.

 

Mary ha crecido, ahora cuenta historias a sus nietas, historias sobre unicornios y caballos, ríe a carcajadas y enseña a la pequeña Lara a montar, iniciando las lecciones con Camila, la yegua blanca, su amiga de toda la vida.

 

Ellas guardan en le corazón, en la piel, en cada decisión y cada palabra la presencia del abuelo, quien las acompaña desde los recuerdos, a recorrer esta enorme pradera que es la vida.

 

Elena Vega Ortega

 

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Gracias

Elena Vega

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